lunes, 9 de junio de 2008

Marcelo Matellanes: DEL MALTRATO SOCIAL.

Queremos aquí rendir homenaje a Marcelo Matellanes y rescatar su espíritu crítico y su tono agónico de protesta. Un texto del año 2001 cuando el gobierno de la Alianza estaba en el poder.En estos momentos críticos que vive el país este texto puede aydarnos a tomar perspectiva.

DEL MALTRATO SOCIAL

Por Marcelo Matellanes

“El hombre libre en nada piensa menos que en la muerte, y su sabiduría es una meditación no sobre la muerte, sino sobre la vida.”

Baruch de Spinoza, Ëtica, IV.

“La total devaluación de las pasiones tristes y la denuncia de aquellos que las cultivan y que se sirven de ellas constituyen el objeto práctico de la filosofía.”

Gilles Deleuze, Spinoza y el problema de la Expresión, XVI.

Hace una década la sociedad argentina se debatía en la violencia de la moneda. Si hoy no transita la moneda de la violencia se debe solamente a aquellos de sus miembros que no aceptan el desmembramiento social. A aquellos que hacen de la vida política la misma empresa que el hombre mismo en la concepción de Spinoza, o sea, a aquellos que preservan el derecho de naturaleza que posee la sociedad a perseverar en su existencia y el de aspirar al máximo de júbilo que está en su potencia.

Estas primeras palabras se quieren una dedicatoria a todos aquellos que desde la ignorancia o irrazonabilidad que permitirían suponer su propia historia individual, grupal y colectiva, desde el idealismo, el paternalismo o el autoritarismo que poseen como todo capital histórico de vecu y experiencia social, desde el maltrato al que son sometidos por un gobierno y un ordenamiento político, jurídico e institucional que carece ya totalmente de legitimidad y de razón, en fin, desde todas esas carencias, los movimientos de desocupados, los piqueteros, los que ocupan tierras en Santiago del Estero o en el conurbano, los indígenas de

Neuquen, por no citar más que algunas moléculas de esta pulsión social por la vida y por la libertad, nos hacen presente con sus prácticas cotidianas que la sociedad está siendo maltratada, que está desvaneciéndose en el apetito irrazonable de unos pocos locales y de fuera. A todos ellos dedicamos estas líneas y aspiramos a expresar.

En realidad, estas especulaciones obedecen a un pedido que se nos ha hecho respecto del tema del orden. Y ello nos hizo pensar en la rerum natura, o sea en la naturaleza de las cosas. Nuestro propósito aquí es afirmar que todas esas expresiones de la vida social que hemos invocado representan el derecho de naturaleza, en el sentido más estrictamente político de la expresión, del conjunto de la sociedad. Eso mismo que está siendo criminalizado, que se reprime desde el Estado por orden de este gobierno y con nuestra insospechada anuencia, todos esos que padecen prisión, proceso o censura por expresar la renuncia de la sociedad a perecer en la violencia, todos ellos constituyen actualmente en Argentina la razón, el germinal político, la más pura pulsión vital y libertaria de la sociedad.

Lo que estamos tal vez con un poco de suerte expresando así es que el Estado actual y el gobierno que lo encarna en Argentina están reprimiendo la vida, la razón, la libertad, el derecho político natural de la sociedad. Una vez más, lo que hiperbólicamente estamos insi-nuando es la total carencia de legitimidad política del actual gobierno y todas sus instancias de representación, pero no en el sentido de sistema político, sino en el más sagrado y natural sentido de sobrevivencia y potencia de la vida social misma. Pero tal vez esta sea no ya sólo políticamente, sino ontológicamente hablando, la posibilidad de una refundación inmanente de las formas de la vida política y social en Argentina.

Nos explicamos. Nuestro propósito es especular en torno a la posibilidad de que este estado terminal al que nos hemos llevado nos permita acceder a una forma de relaciones sociales e instituciones políticas que nos hagan superar la forma obviamente fracasada de la organización política como trascendencia en nuestro país, o sea como régimen político pretendidamente representativo y democrático. Y tal vez entonces en esas expresiones del conatus social a las que asistimos, se estén haciendo presentes gérmenes de reconstitución política de la sociedad argentina en el sentido más fuerte de la expresión. Y en tiempos de patacones, no es por ironía que guiaremos nuestro análisis desde los fenómenos monetarios. Intentaremos explicar que el actual estallido monetario, expresado en el plan de Cavallo de déficit cero y de patacones y demás formas degradadas de la relación social monetaria, porque la moneda es una relación social, ese plan es la materialización misma de un orden social y político de violencia desencadenada y total represión fascista. Si no hemos llegado aún a eso, es porque desde la violencia monetaria de los acontecimientos hiperinfla-cionarios de comienzos de los noventa, lo más vital de la sociedad se resiste a la violencia e insiste en la potencia política de lo social.

Queremos decir que en el momento mismo en que la política económica del Gobierno de De la Rua y de la Alianza con anuencia justicialista propone un esquema monetario de violencia como relación social predominante, los sectores más maltratados de la sociedad argentina responden con invención e imaginación política.

Responden con razón, en el sentido valorativo en el que tienen razón, pero sobre todo y para colocar los términos en el nivel de pureza al que aspiramos, porque actúan desde la razón, desde lo que es su derecho natural. Natural en el sentido más inapelable, que es el de la rerum natura, el de la naturaleza de las cosas, el de la vida, el de la potencia, el del júbilo, el de la libertad. Pero antes deberemos explicarnos más extensamente sobre lo que hemos llamado la violencia monetaria de la hiperinflación, nuestra interpretación de sus causas y resultantes como prueba irrenunciable del fracaso del sistema político representativo, y como cuadro de violencia e irracionalidad social que implicaron como propuesta de exterminio social a partir del Plan de Convertibilidad de Cavallo como política económica de salida de crisis.

Hasta aquí es evidente que tenemos un concepto de la moneda como vínculo social. En realidad, en un sistema capitalista o simplemente mercantil, es el símbolo más eminente de lo político en sí mismo. Siguiendo las teorías monetarias de Michel Aglietta inspiradas en parte de la obra de René Girard, la moneda sería así la forma de vínculo social que canaliza y neutraliza las posibles expresiones de violencia en un estado de cosas carente de cierto ordenamiento político. Nos explicamos hasta la obviedad, en un modo de producción como el capitalista basado constitutivamente en la apropiación privada de valor social a través de la explotación de un sector de la sociedad por otro, la moneda viene a operar como el equivalente general, la unidad de medida, el orden de dimensiones, que permite a cada uno situarse respecto de sí mismo y del resto del cuerpo social, manteniendo la forma de dominio detrás de la apariencia de la igualdad jurídica. No, no somos tan primarios, estamos diciendo QUE LA MONEDA EQUIVALE A LA LEY, con todas sus implicancias para un medio político y académico bañado hasta la saciedad en monetarismos liberales.

No nos detendremos aquí en la pertinencia de las hipótesis antropológicas que en materia de violencia supone este enfoque, porque intentamos usar las mismas sólo como herramientas de acceso a la realidad que se pretende explicar y no en un sentido esencial u ontológico. La moneda entonces de la Argentina hasta la hiperinflación era la representación fraguada, forzada, remitida, fallida de un síntoma de no contrato social, de no funcionamiento de los esquemas democrático representativos de organización política. No obstante ese síntoma, de hecho la moneda nacional operó por décadas como el signo socializante de la sociedad argentina. Es decir, en la moneda residía la pretensión trascendente de lo político nacional. En ella se depositaba un fallido originario de organización social y política. Era la representación misma de la trascendencia política, es decir, de ese todo creado por fuera de las partes, que operaba como sustituto altamente imperfecto en lo político – autoritarismo mediante, e ineficiente en lo económico – crisis recurrentes del sector externo - o sea de la validación mundial del lazo político y social nacional.

En otros términos, la moneda era la depositaría de la soberanía política entendida desde un esquema de trascendencia. Y aquí sí no podemos postergar más la interpelación que se impone. La moneda era el Estado mismo, como régimen político democrático representativo en su interpretación liberal y moderna. No nos detendremos aquí en las fisuras originarias en lo ontológico-político de la sociedad argentina ni en sus disfunciones institucionales y económicas principalmente desde los años cuarenta en adelante. (Lo hemos hecho recientemente en oportunidad del escrito llamado DE LA NO SOCIEDAD A LA SOCIEDAD CERO, algunas de cuyas humildes especulaciones fueron llevadas a un nivel de expresión de suma fineza por Eduardo Grüner en su escrito EL CERO Y EL INFINITO.

Retomemos entonces, no sin dificultad, el hilo de nuestro análisis. La hiperinflación devela el fracaso político de las formas políticas e institucionales ya que el devenir económico de crisis recurrente desde los años cincuenta en adelante estalla en el estallido mismo de la relación monetaria, o sea, bajo fetiche económico-monetario, la sociedad estalla políticamente en la hiperinflación como presentificación aguda de un síntoma crónico de a-socialidad, por llamarlo de alguna manera grosera. Pero recordemos aquí, sin lo cual no se puede apreciar la relevancia política de los hechos hiperinflacionarios, que un estallido de ese tipo comporta la disolución misma de los lazos sociales, aunque sea mediatizado por la pérdida de horizonte temporal de cálculo y como unidad de representación social del valor. El valor social desaparece entre los despojos de valores privados que luchan entre sí por apropiarse de la mayor parte posible de excedente económico y de poder político existente en medio de la desagregación social más profunda.

Ese es un escenario de violencia social de la cual Argentina salió sólo en apariencia durante los años de éxito de la convertibilidad y del quinquenio de recesión y negación política por parte de la clase política que le sucedió. Así es que, en tiempos de patacones, la misma inoperancia de la clase política que no sacó al país de la híper sino bajo forma de disolución social, de des-sociali-zación, el mismo poder económico que convalidó un peso convertible mientras se posicionaba económicamente y como sistema de dominación política, esos mismos sectores políticos y económicos son los que hoy proponen el Plan de déficit cero. O sea el plan de EXTERMINIO SOCIAL EN LA VIOLENCIA GENERALIZADA Y EN LA REPRESIÓN APUNTALADA DESDE EL BIOPODER IMPERIAL GLOBAL.

De esta manera, la forma que asumió la salida aparente de la crisis hiperinflacionaria, nos habla de la privatización de lo político, de la disolución cuasi-extrema del Estado y de la propuesta de un vínculo social con pantalla dólar, o sea, de un vínculo monetario heterónomo, privado y representante del poder del Imperio en sus formas local/global.

A ello nos referíamos cuando hablábamos del fracaso del esquema trascendente de representación política en la Argentina de fines de siglo. Falló la estabilidad monetaria no por deficiencias de modelo económico, aunque las hubo e importantes, sino por deficiencias del régimen político de organización social. En este sentido, la mayoría de los análisis de esas épocas de autoritarismo en nuestro país privilegian las necesidades de represión política desde las necesidades de acumulación económica.

Ciertamente y en cierta forma ello fue así, pero preferimos interpretar esos períodos de fuga del régimen político democrático liberal como emergentes de fallas constitutivas originarias en el sentido más puro de una concepción de lo político. En fin, la propuesta política del gobierno de De la Rua está clara. Estallido monetario bajo la forma de una esquema político-degradable de signos monetarios con la desagregación social, la privatización y legitimación del poder más concentrado que ello implica en un marco de déficit cero, o sea, DE SOCIEDAD CERO.

Pero como más que apropiadamente señaló Grüner, finalmente ese cero no sea tan fatal. Porque al señalar el agotamiento de una forma de representación política trascendente, con toda la legitimación política de la violencia y poder en manos del Estado que ello supone, tal vez esté abriendo las líneas de fuga hacia formas de asociación política que trabajen desde la inmanencia del derecho natural de la sociedad a darse un devenir y ordenamiento dinámico que le permita acceder al máximo de libertad y buen vivir al que la razón de lo natural mismo, no otra, le dan acceso. La posibilidad de una concepción del todo político desde la renuncia de lo razonablemente indispensable para el mejor vivir de LA CITÉ, pero no de un todo trascendente que sea depositario de la violencia desencadenada en la que estaríamos “naturalmente” según las versiones trascendentes en materia de filosofía política. Esa posibilidad inaugural, originaria, ontológica, inmanente, es la que para nosotros representan todas las manifestaciones de conatus social y político actualmente en nuestro país.

Son tiempos de razón, y basta de dar razón a los tiempos.

Buenos Aires, Octubre 21 del 2001

"ABALANZASE AL SEÑUELO,/

MI FE, QUE NUNCA A PODIDO,/

NI MENGUAR POR NO LLAMADO,/

NI CRECER POR ESCOGIDO"/.

"EL INGENIOSO HIDALGO...."