sábado, 31 de marzo de 2012

Historia de Travas

En uno de esos arranques impulsivos por un encuentro con un trava, la aventura tomó matices domésticos, lo que en algún sentido frustró la visita, que aunque satisfactoria no estuvo a la altura de las expectativas.
Como siempre estos encuentros espontáneos están sujetos a disponibilidad, conveniencia y otros.
el lugar de la cita era un hotel, más bien una pensión, casi un conventillo que sujetaba el cartel de Hotel en el micro centro, la tierra de la prostitución. A la una de la manana en el microcentro no hay mucho más asuntos que atender que cojerse a una puta. En realidad el microcentro funciona a toda hora como un burdel, tanto metafórica como literalmente.
En la puerta de este hotel habían dos chicas -traviesas-(porque son muy importantes la sintexis en los apelativos y deictos) que comían un snak de una de bolsitas com imágenes de animales y colores brillantes.
Con gran complicidad y discresión las chicas preguntaron si venía a ver a Ayelen. Contesté que sí y me dijeron que estaba ocupada, que en seguida estaba lista.
El lugar era repulsivo. Una calle otrora abarrotada, ahora desolada salvo por los despojos materiales y humanos que quedan en los margenes de esa gran maquinaria, esa gran fábrica estratificada que es el micro centro de la Ciudad de Buenos. Ninos que jugan. Pequenos grupos de cartoneros alimentándose. Algún indegente. Y como siempre la gente de la noche, el puntero, el caficho, los travas.
Alli esta esperando en la puerta de ese hotel, con dos chicas, jovencitas y a atractivas, que en el fondo no eran más que dos jovencitos interpretando (como en una obra de tratro) quien realmente eran.
En el travestismo se da ese fenómeno sorprendente de la transformación. Uno no ve quien es un travesti sino en que se ha convertido un travesti. En este juego de apariencias frente a las escencias, muchas travestis, -en un sentido de tipo ideal- son más mujeres que las mujeres.
La espera continuaba en esa calle oscura que a esta altura ya no sabía que esperar y me preocupaba haber ido hasta allí sin poder cumplir con mi cometido. No podía volver del centro sin cogerme un trava.
Las chicas que estaban en la puerta eran muy simpáticas pero muy discretas, no dijeron casi nada y si lo hacían era en una voz casi inaudible.
Sale una persona del hotel, -ojalá se haya desocupado- pienso yo asumiendo que era un cliente de Ayelen. Esto ya tranquilizaba la espera de encuentro tan esperado.
Pero pasaron algunos minutos y todo seguía igual. Un poco incómodo de la situación de estar en la calle a esa hora esperando me pusieron en la tentación de preguntarle a una de estas chicas, la que estaba un poquito más rellenita, si me podía ir con ella.
Muy leal a su amiga me pidió que espere a Ayelen, que ya salía. Una de las chicas entró y despues de varios minutos más volvió a salir y me indicó donde quedaba su habitación. El lugar, de otra época, un residuo de una forma de alojamiento enquistado desde la inmigración, me preocupó menos que poder encontrar la puerta correcta en esos pasillos oscuros y al aire libre.
Una puerta entreabierta, una mano que asomaba me dieron la senal.
Como siempre el saludo, los halagos -que linda que estás, estás más linda que la última vez- indispensables para que la velada sea agradable y la chica quiera hacer su trabajo con cierto gusto.
Le pregunté si podía pasar al bano. La expresión de su cara cambió subitamente y me dijo -Es necesario que vayas al bano?. Yo, que me estaba meando, no veía la forma de poder llevar esto adelante si antes descargar mi vejiga. Después de convencerla que era totalmente necesario ir al bano ella me indicó donde quedaba el bano compartido al final del pasillo. En el bano temía por volver a encontrar la puerta. Después de todo este incómodo movimiento pude volver a la habitación donde estaba Ayelen. La abrazcé cortésmente como si quiciera seducirla.
Me interrumpió para pedirme el dinero antes de empezar. Le pague sus $ 250 y aproveché la pausa para sacarme de a poco la ropa.
Cuando empezábamos a tocarnos le mencioné cuanto asiaba este encuentro y que ella era una chica especial para mi. -En serio me preguntó? Le contesté que sí.
Inmediatamente me ofreció si quería que viniera una de sus amigas y que se nos una. Tentado por la propuesta accedí encantado.
Su reacción fue muy distinta de lo que esperaba. Estaba enojada, pero que eso, ofendida. -Así que te querías ir con una de mis amigas! Me acusó Ayelen. Me atraparon. Era cierto. Nada valía que me sintiera incómodo en una calle oscura, el código del cliente de la prostituta es sagrado. Había quebrantado un principio ético de la prostitución fundamental y Ayelen no lo iba a dejar pasar por alto.
Intenté no entrar en pánico. Lo último que me podía pasar era no concretar mi tan ansiado encuentro con esta chica. Intenté usar todo mi encanto para ponerla en ánimo y hacer que aquello por lo que ya había pagado valiera la pena.
Pero no hubo manera de ponerla de buen ánimo. Es más me dijo: -Chupame la pija, yo ya no tengo ganas de chupartela a vos.
Hice mi mejor esfuerzo para disculparme y volver a crear un ambiente romántico, pero solo conseguía que accediera a que resolvíeramos el asunto rápido. -Querés que te coja? Me preguntó ella. -Estaba pensando en cogerte yo- le contesto.
Cuando le estaba por pedir que se pusiera en posición, se colocó el "cautro", aunque hubiera preferido otra.
Era el momento de consumar eso que para Lacan no existe, el acto sexual, y asi tras embocar en el agujero comezó. Ayelen claramente quería terminar el asunto lo antes posible aún así se veía cierto esmero en encontrar satisfacción en el tan incómodo acto.
Este acto se extendía y Ayelen la quería volver a otras cuestiones. Seductivamente me pidió -Cogeme fuerte papi.
Ajusté la posición y con nuevo rítmo comencé a penetrarla. En un momento en una proesa de la anatoía ella contrajo su culo y eso me estremeció. -Así- le indiqué senalandole como disfrutaba cuando ella ejercía presión sobre mi pija cuando fruncía ese orto.
Fue en estrangulamiento anal que recibió mi pija que solté el orgasmo. Como siempre, intenté sostenerlo lo más posible, literalmente disfrutar hasta la última gota.
Una vez terminado y habiendo queda Ayelen tan ofendida -y sin la posibilidad de poder usar un bano- no quedaba más espacio para que me pusiera mi ropa y me fuera.
Traté, diciéndole cosas lindas, de ponerla de nuvo de buen humos. No me creyó, pero tampoco le importó. Ya tenía plata para el boliche.
Besito, chau. Recorrer ese pasillo oscuro con puertas de "papel" que albergan, viajeros, prostitutas y todo clase de gente que llega a la ciudad.
En la puerta estaban las chicas que me había delatado. Les dije -como intentando compensar- que solo tenía ojos para Ayelen. El comentario no les cayó bien.
No me detuve un instante más y encaré la retirada del microcentro porteno. 

1 comentario:

GAFAS NEGRAS dijo...

Un cuento moderno lleno de poesia.
Bravo!