lunes, 4 de diciembre de 2006

Historias de Nueva York


La Lección interpretada.





David Bordwell propone, para la crítica del film, interpretar. Esta interpretación debe elaborar un significado y desarrollarlo en alguno de sus cuatro niveles. En uno de estos niveles –propone Bordwell- se puede hacer un ejercicio de abstracción, para tratar de encontrar en el film, un concepto o significado superior, como el de la “fábula y la diégesis”. Otro elemento fundamental para la interpretación es contar con una teoría, que brinde su método de abordaje y resalte el aspecto que se quiere analizar del film. En este sentido, el autor, reconoce una amplia variedad de teorías a partir de las que podemos significar o resignificar el film.
¿Qué nos puede aportar Lecciones de Vida, analizada desde ese nivel de abstracción? ¿Qué crítica nos hace posible, a nosotros los que interpretamos, los espectadores, los críticos? En simple: ¿Qué lección de vida se nos quiere dar con este film?
El análisis requiere un punto de partida, una teoría. El análisis marxista-freudiano ó freudiano marxista puede ser un buen punto de arranque. ¿Qué es lo que nos interesa del film que esta perspectiva pueda hacer evidentes? Cuestiones como el deseo y la circulación. La relación entre la mercancía y la obra del arte. ¿De que manera se tratan estas cuestiones en el film?
El comienzo del film, el comienzo del personaje , plantea esta cuestión del deseo y el estar en circulación. El film –a esta altura- comienza con un galerista que quiere algo de él. Esto es clave. El galerista, no es simplemente un galerista, el significante galerista que yo pueda presentar en estas líneas no podría llegar a contener todos los significados que Scorsese deposita en esa imagen, en ese galersita. El galersita puede ser asociado con todo lo –material- que uno pueda necesitar del afuera. Existe un afuera y existe un adentro, donde Lionel se esconde, trabaja y produce. Pero todo necesita circular. El adentro y el afuera. Marx nos sirve aquí para dos cosas. La primera, su teoría del valor está basada en el trabajo, con lo cuál, el trabajo de Lionel queda incluido en esta categoría. La segunda cuestión que nos aporta Marx es su circuito de circulación, la cadena de procesos, intercambios, que generan al capital . En síntesis, Marx, nos puede ayudar a ver a Lionel como un sujeto que se realiza, o se objetiviza en su trabajo, y como todo producto del trabajo, se convierte en mercancía. El trabajo de Lionel presenta una particularidad, frente al trabajo que conocemos. El trabajo convencional, ese que hacemos cotidianamente, para crear mercancías, mercancías y más mercancías y que nos aliena, porque ese objeto en el que nos objetivizamos circula de forma demoníaca –sin parar- con el afuera. Evidencia de ese circuito que recorre la mercancía, recibimos nuestro salario; es decir, la forma en que el afuera circula con nosotros...para que gastemos ese salario en el afuera y mantener frenéticamente en funcionamiento el circuito o la circulación.
Lionel es un artista. No solo su trabajo, la obra de arte, la mercancía, circula de manera particular, sino que en consecuencia, el también circula de otra manera. Lionel consigue algo que muy pocos logran; circular con el adentro.
El galersita nuevamente: -“Lionel, podré ver tus cuadros hoy”? Lionel lo rechaza. El galersita insiste, se queja; pero lo acepta. Hay algo -que ese galerista, que circula mucho con el afuera, y que todo lo que esté allí afuera lo consigue- que quiere. Lo quiere tanto que va frente a Lionel e insiste –muéstrame, quiero ver, aunque sea un poquito- casi suplica: “-muéstrame, muéstrame, por favor, te lo suplico!”.
¿Qué tiene Lionel entonces que - aquel que puede conseguir todo del afuera- necesita de él? Otra pregunta, ¿Qué hace Lionel estando encerrado, sin circular con el afuera, que provoca este deseo, casi esta necesidad?
Hemos agotado todo lo que estos dos personajes pueden por sí solos. Hay algo que él, Lionel, desea del afuera.
Paulette.
Otro comienzo, el aeropuerto, muchos estímulos, pero cuando ella aparece ... no hay nada más. Tira el cigarrillo, deja de fumar, ya no necesita nada más; ya encontró lo que quiere. Paulette. ¿Valdría la pena detenerse un momento en Paulette, ó lo que realmente interesa es como él la ve? Claramente aquí hay dos Paulette. En definitiva estas Paulettes tienen algo más que el simple denominador del significante en común. Paulette es una joven que está en busca de algo, de aventuras, su destino, una carrera como pintora, lo que sea. Ella no sabe que hacer, se quiere ir, insiste que se quiere ir, acaba de llegar y se quiere ir, pero se quiere ir de nueva york, se quiere ir a la universidad se quiere ir a lo de sus padres, se quiere ir con su amante, con su performer, se quiere ir con su mamá. Así y todo, Lionel la necesita.
Ahora, la Paulette de Lionel.
Lionel, no puede fluir en el adrento solo. Para poner su máquina en funcionamiento, necesita, por lo menos otro. En este sentido, aquí es apreciable el aporte sobre la novela polifónica de Bajtin . Al margen de Paulette, elemento indispensable para el funcionamiento de la máquina deseante de Lionel, él tiene un muy rico diálogo interno. En este sentido –y es indispensable volver a hacer referencia a lo netamente fílmico- Scorsese, al igual que Dostoievsky, nos muestran las múltiples voces del locutor, del loco, del artista. En este sentido, Lionel es todas estas cosas cuando fluye con el adentro, que es, la mayoría del tiempo. Él dice algo, la tela contesta, le sugiere otra cosa, lo contempla. El diálogo, entre la obra y el artista, es la obra en sí. En términos generales, incluso en el caso de este film; que salvo por la inusual irrupción de otras voces o el afuera –con una función simplemente contextual, para situar la situación en nueva york- quien habla, es Lionel y su obra.
Habíamos quedado en que Lionel necesita a Paulette. La necesita. La necesita de varias maneras y para distintas cosas. Lionel, es un artista, pero en definitiva necesita lo mismo que el resto de las máquinas deseantes . Lionel logra reemplazar en el adentro, aquello que en el afuera, produciría el impulso creativo. Por eso Paulette es tan importante para él, porque a partir de ella, él logra, estimularse, dentro de su propio circuito cerrado, con pequeños dispositivos. Por eso él no la necesita entera. Lionel la necesita por momentos, por pedazos. Hay veces donde solo quiere uno de sus pies, hay veces donde quiere para él, hay veces donde la quiere para otro.
Otra cosa para la que Lionel quiere o necesita a Paulette es para enseñarle. En fin, ahí está la lección de vida.
Antes de pasar a la lección, recapitulemos. Lionel es un artista que vive aislado del mundo, pero que el mundo, o su emisario (el galersita), lo desea y necesita. Aquello que hace tan especial y deseado a Lionel es su trabajo, por el cuál, él, o lo que él vive, allí, aislado del mundo; es en definitiva su obra. La mercancía que Lionel pone en circulación en el mundo es la manifestación objetiva, hecha cosa, del fruto de su trabajo. –Aquí nos acercamos a la lección de vida. Pero antes, no podemos olvidar a Paulette, quien hace posible –transformándose por momentos en partes, en personajes, conviertiéndose en aquello que se le niega, como él se le niega al galerista- el proceso creativo.
Para llegar a la lección de vida necesitamos volver a Paulette. Ella dice querer ser un artista, quiere pintar, dice.Es por eso que ella está con él, porque él es un gran artista, un tipo que aunque fluye poco, lo hace muy bien, con una parte del mundo, con una porción, que es significativa para ella. Para ella, más importante que asisitir a la reuniones de artistas, galeristas y afines, es que le den la aprobación. ¿Te gusta? –Le pregunta Paulette. Al tipo ni le importa. Paulette cumple otras funciones para él, no la de artista.
Ahí está la lección. Uno no pinta para que a alguien le guste. Pintar no es una forma de conformar al otro. Pintar no es algo que se pueda usar como excusa cuando hablás con tu madre por teléfono. Pintar es otra cosa para Lionel.