miércoles, 2 de julio de 2008

Literatura argentina de dos épocas: Revisión histórica que altera el lugar designado a la mujer.

Literatura argentina de dos épocas: Revisión histórica que altera el lugar designado a la mujer.

Dr. Hólmfríður Garðarsdóttir, Universidad de Islandia

La revisión histórica argentina, es decir la recuperación de la memoria nacional y de la "otra" historia, la intrahistoria unamunesca, está en marcha, y está siendo llevada a cabo, principalmente, por la población femenina. Durante el siglo pasado escritoras, poetas, periodistas, académicas y activistas han descubierto, compuesto y presentado al público la historia de la mujer argentina1. La necesidad de esta revisión es indiscutible por el simple hecho de que aunque mucho se ha escrito sobre la historia del país y sus poblaciones, la versión que se ha transmitido ha sido siempre parcializada, y lo ha sido porque la han escrito pocos hombres que provenían del ámbito político y/o militar.

En este estudio se propone dar a conocer los paralelismos y las contradicciones entre dos fuentes históricas temáticamente decimonónicas, para demostrar como los dos textos complementan la "historia oficial" argentina y como, simultáneamente, son vehículos para la creación de una memoria y una identidad colectiva de la mujer argentina, tan poco mencionada en los textos más leídos del siglo XIX.

Las autoras de los textos aquí tratados como fuentes históricas, y dos de las muchas colaboradoras en la reescritura de la historia nacional argentina, son Eduarda Mansilla2 y Mercedes Sabarots3. Mansilla en su novela El médico de San Luis, publicada en 1860, presenta la historia familiar de un médico rural en Argentina, y sus observaciones acerca de su país adoptivo. Mientras, Sabarots, en su biografia ficticia Así en la tierra, publicada en 1995, presenta la historia de una familia argentina desde la época de la Independencia hasta ahora. La fuente de su creación literaria es el diario de la abuela de la protagonista.

Considerar las dos novelas identificadas como fuentes históricas que complementan la "historia oficial" argentina requiere discusión. En primer lugar es válido tener en cuenta que fue hasta hace relativamente poco que se cuestionaron las teorías aristotélicas presentadas en la Poética, donde se discute la ficción y la historia como disciplinas distintas. Según Aristóteles y sus seguidores la poesía servía de vehículo para la ficción, mientras el relato de hechos, sin intervención creativa, lo era de la expresión histórica. Este contraste de la historia como un mero relato de sucesos y la poesía como la disciplina que trasciende los hechos sobrevivió hasta mediados del siglo XIX, cuando, según Elisabeth Wesseling, "the historical novel strategically combined novelistic means and historical material in order to do something for the disclosure of the past which the historian could not do" (32).

La tendencia de revalorizar la relación historia–ficción dio lugar a en polémicas críticas sumamente productivas para la renovación de las teorías de la representatividad. Según señala Paul Ricoeur, lo verosímil es la analogía de lo verdadero y bajo esta analogía la ficción es tanto la habilidad de hacer como creer. El artificio de esta analogía es tomado como un testimonio auténtico sobre la realidad y la vida e implica un abandono del criterio de totalidad. Como consecuencia, el arte de ficción se vuelve el arte de la representación y los textos literarios contienen alusiones a lo verdadero y a lo falso, para conducir hacia la dialéctica del ser y parecer. El resultado es un cuestionamiento de lo verdadero, que se produce porque la ficción o la realidad representada deja entrever su artificio. De esta manera se produce un entrelazado y desde la ficción se cuestiona lo mimético de la situación ficticia, es decir, la representación reflejada cuestiona directamente su fuente. Según Ricoeur, toda obra de arte es invención de historia porque es creación, imaginación y ficción, y como tal es a la vez un descubrimiento y una revelación, además de ofrecer un mejor conocimiento acerca del mundo en que vivimos. El criterio de totalidad es abandonado y la conciencia del artificio se presenta desde la ficción misma.

Ha sido por medio de este debate durante las últimas décadas, es decir "the rethinking of historical narrative in fiction" (4), como lo presenta Linda Hutcheon, que la literatura se vuelve transgresora, porque cuestiona el pasado como algo vivo y se logra enfocar la temática de la representatividad histórica de la ficción. El discurso literario y el discurso histórico constituyen sistemas de significación sobre el sentido del pasado. Ofrecen diversas versiones y múltiples interpretaciones, a veces contradictorias, sobre los hechos. La ficción no elude la historia sino que declara el carácter complejo y no verificable de la propia historia. No hay primacía de uno sobre otro y tampoco se oponen, sino que hay hasta un reconocimiento de su interpendencia. Como resultado, según lo expone Hutcheon, han sido borradas las oposiciones binarias tanto entre lo literario y histórico como entre lo popular y cultual; y teoría y literatura. El texto no adquiere un solo y único sentido sino que despliega un universo mayor, una pluralidad semántica. Hutcheon no sólo hace referencia a esta multiplicidad interpretativa, sino añade que las transformaciones teóricas han facilitado la abolición del límite entre textos de ficción y de no ficción, tanto como entre el presente y el pasado. Según sus planteamientos, estos cuestionamientos han brindado nuevas oportunidades a la crítica y han hecho posible la revisión crítica del pasado otorgándole nuevas interpretaciones a lo histórico y el cuestionamiento del discurso histórico tradicional para volverlo materia literaria.

Según lo discuten Toril Moi (1985) y María Olaussen (1992), esta revisión histórico-literaria ha sido fuertemente promovida por pensadoras femenistas y críticas académicas, como Elain Showalter, Sandra Gilbert y Susan Gubar, entre otras muchas, las cuales han aprovechado la apertura para reescribir, por medio del género novelístico como modelo y método, a la mujer en las páginas de las historias nacionales, para así corregir las inexactitudes históricas, reestablecer la memoria colectiva de la mujer y de esta manera promover la creación de una identidad propia.

En las dos novelas analizadas se pretende revelar la historia de la mujer argentina durante la segunda mitad del siglo XIX como expuesta en un proyecto conscientemente realizado por las autoras. Tanto el tratado temático, la representación histórica, como la asignación de espacios determinados para los protagonistas, como portavoces de las autoras, son los ejes de la investigación. Por un lado, en el caso de El médico de San Luis, desde el presente, y por el otro, en el caso de la novela Así en la tierra, por el telescopio retrospectivo, hacia el pasado.

La novela de Mercedes Sabarots Así en la tierra forma parte del cuerpo nuevo de narración histórica y de la historiografía latinoamericana, porque el cuestionamiento al sentido del pasado abre en la novela un nuevo espacio para la reinterpretación. La novela contiene alusiones a verdades históricas argentinas y es, a la vez, la representación revisada de una fuente determinada. Esta fuente, el diario de la abuela de la protagonista, puede entenderse como representación de la Argentina durante la época presentada, desde el presente, en la novela El médico de San Luis de Eduarda Mansilla. Aun así, los dos textos difícilmente son clasificables como las novelas históricas convencionales, donde se presentan narraciones que giran alrededor de personajes históricos conocidos o famosos, que destacaron por su herocidad, en el caso de las mujeres casi varoniles; sino que presentan la vida de personajes ambiguos pero emblemáticos por la época que les tocó vivir. La recuperación histórica llevada a cabo por Sabarots, en un intendo de enfocar el sujeto femenino en la historiografía nacional y recrear la memoria de la mujer argentina, está en concordancia con lo que María Angélica Álvarez expone como la elaboración de "una obra inteligente que tiende a escudriñar la verdad personal literaria, junto con la histórica" (en Altamiranda 343). Según ella, el género novelístico es especialmente sensible a las transformaciones de los modelos –historiográficos y linguísticos- en las que ya desde mediados del siglo XX empiezan a tomar forma con claridad estas nuevas teorías sobre historia, ficción y narración.

No es sólo por la libertad que asegura la forma novelística como vehículo escogido para la representación, sino además por el hecho de que, según Hayden White, la novela como cualquier narración es un artefacto verbal, un discurso narrativo en prosa, tanto inventado -o imaginado-, como fundado en hechos. De este modo, y en concordancia con los planteos de Ricoeur; White explica que ninguna historia es verdadera porque no puede ser narrada sin una seleción previa del narrador y no puede ser narrada sin una exclusión consciente o inconsciente; como tampoco puede existir sin propósito. La representación de la historia, entonces, no es ni verdadera ni fundada en hechos concretos sin posibilidad de interpretación subjetiva; es por lo tanto metafórica y según él es "metahistórica" (en Jenkins 19). En el contexto estudiado, entonces, la dimensión metanarrativa e hipertextual no debe dejarse en modo alguno de lado en la lectura de las obras; el presente recibe y revisa desde sus presupuestos ideológicos, epistemológicos y estéticos, el pasado y, a la vez, suscita una reflexión acerca de la verdad y sus formas de construirla.

La representación histórica de Eduarda Mansilla, en El médico de San Luis, no es ni teórica ni filosófica. La novela está escrita en primera persona y publicada bajo el nombre del hijo de la autora, Daniel Mansilla. Es un reflejo sencillo de un ambiente conocido, vivido y observado en persona, donde la autora presenta los acontecimientos que tuvieron lugar en Argentina cuando avanzaba el siglo XIX. La novela es un tímido primer paso en la dirección hacia una denuncia enérgica que proclamaba para la mujer un lugar digno dentro del mosaico nacional. Con su escritura temprana Mansilla forma parte de este lazo entre lo victoriano y lo confesional, y se aprovecha de una literatura didáctica para dar a conocer sus puntos de vista, a pesar de que aquélla era cada vez más inoperante. Dentro del panorama creativo de las mujeres argentinas durante las últimas décadas del siglo, las más notables entre ellas, Eduarda Mansilla, Juana Manuela Gorriti y Juana Manso4, comenzaron a publicar novelas ejemplares, denunciadoras de la marginalidad a que estaban sometidas las mujeres;

… con su moral victoriana por un lado y la confesional por otro, las periodistas y escritoras advertían que no era posible manejarse con estereotipos -no establecidos por las mujeres pero aceptados hasta entonces por ellas- que ya no funcionaban (Newton 12).

Mansilla elige el género de la novela para reflejar y describir esta su contemporaneidad histórica, quizás porque, como lo expone Bakhtin: "The novel has become the leading hero in the drama of literary development in our time precisely because it best of all reflects the tendencies of the new world still in the making" (7); y además por sus planteos acerca de que: "All there is to know about the world is not exhausted by a particular discourse about it" (45). La novela es el género literario accesible para la mujer que entra como novicia al campo literario, porque está fundada en la personificación, la experencia de la vida común y compartida, además de la técnica variable. La novela no tiene un patrón hegemónico, sino que permite el juego artístico, ontológico y hasta epistemológico. La forma novelística, tanto como el nuevo mundo, el mundo de Mansilla, está "in the making", y propone según Bakhtin; nuevas dimensiones estilísticas, polifonía, cambio radical en la imagen literaria, además de que abre un nuevo camino, el camino de "maximal contact with the present (with contemporary reality)" (11). Mansilla, al participar en la escritura de su historia, en la representación de su presente, participa en el gran proceso histórico según lo presenta Hegel, como una evolución sin ruptura abrupta. El texto de Mansilla, en concordancia con lo que explica Bakhtin al hablar de la novela: "is the charateristic text of a particular stage in the history of consciousness not because it marks the self's discovery of itself, but because it manifests the self's discovery of others" (75). La novela El médico de San Luis, es un producto de su época, y fuertemente influida por las características del romanticismo, el eje que promueve el desarrollo de la narración es el individuo, el personaje principal, un médico extranjero instalado cerca del pueblo argentino, San Luis. Sus experiencias personales.